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 EL IMPERIO ESPAÑOL

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Dany
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Fecha de inscripción : 22/03/2008

MensajeTema: EL IMPERIO ESPAÑOL   Lun Nov 03, 2008 1:47 pm

Se denomina Imperio Español al conjunto de territorios conquistados, heredados y reclamados por España o por las dinastías reinantes en España; aunque en algunos de ellos, tales como las grandes praderas de América del Norte o la parte más austral de América del Sur, la presencia estable española fue muchas veces más teórica que real. Alcanzó los 20 millones de kilómetros cuadrados a finales del siglo XVIII. Durante los siglos XVI y XVII creó una estructura propia no siendo llamado imperio colonial hasta el año 1768,[1] siendo en el siglo XIX cuando adquiere estructura puramente colonial.

No existe una postura unánime entre los historiadores sobre los territorios concretos poseídos por España porque, en ocasiones, resulta difícil delimitar si determinado lugar era parte de España o formaba parte de las posesiones del rey de España, especialmente en una época en la que no estaba clara la diferencia entre las posesiones del rey y las del país donde residía, como tampoco lo estaba la hacienda o la herencia. Así, tradicionalmente se considera a los Países Bajos como parte del mismo (tesis mayoritaria en España y los Países Bajos entre otros); pero existen autores como Henry Kamen que proclaman que esos territorios nunca se integraron en el Imperio Español, sino en las posesiones personales de los Austrias.[2]

El Imperio Español fue el primer imperio global, porque por primera vez un imperio abarcaba posesiones en todos los continentes, las cuales, a diferencia de lo que ocurría en el Imperio Romano o en el Carolingio, no se comunicaban por tierra las unas con las otras.




Durante los siglos XVI y XVII, España llegó a ser la primera potencia mundial, en competencia directa primeramente con Portugal y, posteriormente, con Francia, Inglaterra y el Imperio Otomano. Castilla, junto con Portugal estaba en la vanguardia de la exploración europea y de la apertura de rutas de comercio a través de los océanos (en el Atlántico entre España y las Indias, y en el Pacífico entre Asia Oriental y México, vía Filipinas).

Los conquistadores españoles descubrieron y dominaron vastos territorios pertenecientes a diferentes culturas en América y otros territorios de Asia, África y Oceanía. España, especialmente el reino de Castilla, se expandió, colonizando esos territorios y construyendo con ello el mayor imperio económico del mundo de entonces. Entre la incorporación del Imperio Portugués en 1580 (perdido en 1640) y la pérdida de las colonias americanas en el siglo XIX, fue uno de los imperios más grandes por territorio, a pesar de haber sufrido bancarrotas y derrotas militares a partir de la segunda mitad del siglo XVII.

La política matrimonial de los reyes permitió su unión con la Corona de Aragón primero, y con Borgoña y, temporalmente, Austria después. Con esta política fueron adquiridos numerosos territorios en Europa, donde se convirtió en una de las principales potencias.

España dominaba los océanos gracias a su experimentada Armada, sus soldados eran los mejor entrenados y su infantería la más temida. El Imperio Español tuvo su Edad de Oro entre el siglo XVI y la primera mitad del siglo XVII, tanto militar como culturalmente.


La Corona de Aragón en su máximo esplendor.Este vasto y disperso imperio estuvo en constante disputa con potencias rivales por causas territoriales, comerciales o religiosas. En el Mediterráneo con el Imperio Otomano; en Europa, con Francia, que le disputaba la primacía; en América, inicialmente con Portugal y mucho más tarde con Inglaterra, y una vez que los holandeses lograron su independencia, también contra estos en otros mares.

Las luchas constantes con potencias emergentes de Europa, a menudo simultáneamente, durante largos períodos y basadas tanto en diferencias políticas como religiosas, con la pérdida paulatina de territorios, difícilmente defendibles por su dispersión, contribuyeron al lento declive del poder español. Entre 1648 y 1659, las paces de Westfalia y los Pirineos ratificaron el principio ocaso de España como potencia hegemónica. Este declive culminó, en lo que respecta al dominio sobre territorios europeos, con la Paz de Utrecht (1713), firmada por un monarca que procedía de una de las potencias rivales, Felipe V: España renunciaba a sus territorios en Italia y en los Países Bajos, perdía la hegemonía en Europa, renunciaba a seguir dominando en la política europea.

Sin embargo, España mantuvo y de hecho amplió su extenso imperio de ultramar, acosado por el expansionismo británico, francés y holandés, manteniéndose como una potencia económica más importante, hasta que sucesivas revoluciones le desposeyeron de sus territorios en el continente americano a principios del siglo XIX.

No obstante, España conservó algunas fracciones de su imperio en América, principalmente Cuba y Puerto Rico, como también Filipinas y algunas islas en Oceanía como Guam, Palaos o las Carolinas y las Marianas. La Guerra Hispano-Estadounidense de 1898 supuso la pérdida de casi todos estos últimos territorios. Las únicas posesiones que se salvaron fueron las pequeñas islas de Oceanía (excepto Guam), que fueron finalmente vendidas a Alemania en 1899.

El impacto moral de esta derrota fue duro, y se buscó compensarlo creando, con poco éxito, un segundo imperio colonial en África, centrado en Marruecos, el Sáhara Occidental y Guinea Ecuatorial, que perduró hasta la descolonización de las décadas de 1960-1970 al abandonar la última colonia, el Sáhara, en 1975.



La unificación de España y el fin de la Reconquista [editar]El matrimonio de los Reyes Católicos (Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón) unió las dos Coronas cuando, tras ganar a Juana «la Beltraneja» en la Guerra Civil Castellana, Isabel ascendió al trono. Sin embargo, cada reino mantuvo su propia administración bajo la misma monarquía. La formación de un estado unificado solo se materializó tras siglos de unión bajo los mismos gobernantes. Como Henry Kamen comentaría después, España fue creada por el Imperio, y no el Imperio por España. Los nuevos reyes introdujeron el estado moderno absolutista en sus dominios, que pronto buscaron ampliar.

Castilla había intervenido en el Atlántico, en lo que fue el comienzo de su imperio extrapeninsular, compitiendo con Portugal por el control del mismo desde finales del siglo XIV, momento en el cual fueron enviadas varias expediciones andaluzas y vizcaínas a las Islas Canarias. La conquista efectiva de dicho Archipiélago había comenzado durante el reinado de Enrique III de Castilla cuando en 1402 Jean de Béthencourt solicitó permiso para tal empresa al rey castellano a cambio de vasallaje. Mientras, a lo largo del siglo XV exploradores portugueses como Gonçalo Velho Cabral colonizarían las Azores, Cabo Verde y Madeira. El Tratado de Alcaçovas de 1479, que supuso la paz en la Guerra de Sucesión Castellana, separó las zonas de influencia de cada país en África y el Atlántico, concediendo a Castilla la soberanía sobre las Islas Canarias y a Portugal las islas que ya poseía, la Guinea y en general todo lo que es hallado e se hallare, conquistase o descubriere en los dichos términos. La conquista del Reino de Fez quedaba también exclusivamente para el reino de Portugal. El tratado fue confirmado por el Papa en 1481, mediante la bula Aeterni regis. Mientras tanto los Reyes Católicos iniciaban la última fase de la Conquista de Canarias asumiendo por su cuenta dicha empresa, ante la imposibilidad por parte de los señores feudales de someter a todos los indígenas insulares: en una serie de largas y duras campañas, los ejércitos castellanos se apoderaron de Gran Canaria (1478-1483), La Palma (1492-1493) y finalmente de Tenerife (1494-1496).


Rendición de Granada a los Reyes Católicos (1492).Como continuación a la Reconquista castellana, los Reyes Católicos conquistaron en 1492 el reino taifa de Granada, último reino musulmán de Al-Andalus, que había sobrevivido por el pago de tributos en oro a Castilla, y su política de alianzas con Aragón y el norte de África.

La política expansionista de los Reyes Católicos también se manifestó en el África continental: Con el objetivo de acabar con la piratería que amenazaba las costas andaluzas y las comunicaciones mercantes catalanas y valencianas, se realizaron campañas en el norte de África: Melilla fue tomada en 1497, Villa Cisneros en 1502, Mazalquivir en 1505, el Peñón de Vélez de la Gomera en 1508, Orán en 1509, Argel y Bugía en 1510 y Trípoli en 1511. La idea de Isabel I, manifiesta en su testamento, era que la reconquista habría de seguir por el norte de África, en lo que los romanos llamaron Nova Hispania.
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